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IV Encuentro Cofradías de Vizcaya con nuestro Obispo

Escrito por Cofradía Santiago. Publicado en Noticias

Como cada año, tengo que manifestaros mi agradecimiento y mi respaldo por el trabajo que desarrolláis durante todo el año y en Semana Santa. Que Dios nos bendiga este año con buen tiempo, como el pasado.

En esta ocasión quiero trasladaros la convocatoria del Año de la Fe que el Papa formuló el 11 de octubre de 2011 mediante el motu proprio Porta Fidei, y que dará comienzo en  el próximo  mes de octubre. Se trata de que veáis cómo  llevarlo  adelante en  vuestro ámbito. 

Este acontecimiento  se celebra con ocasión del 50  aniversario  de la apertura del Concilio Vaticano II, aquel evento eclesial de excepcional importancia. Pio XII, gran potencia espiritual e intelectual no llegó a verlo oportuno, pero lo hizo un Papa sencillo, el Beato Juan XXIII. Se desarrolló durante 3 años, desde 1962 hasta su conclusión en la fiesta de la Inmaculada Concepción  de 1965  y  tocó  aspectos fundamentales que cambiaron no la fe, sino el modo de vivirla.

Además de la conmemoración, o por ello, quiere el Papa una relectura actualizada de los documentos del concilio, durante los próximos tres años: las constituciones Dei verbum, Lumen  Gentium, Sacrosanctum concilium, Gaudium et Spes; los Decretos Christus Dominus, Apostolicam Actuositatem…

Se trata de volver a contemplar el camino  que arranca del Bautismo, día en  que comienza la aventura de ser hijos de Dios. Nuestros padres nos dieron  lo mejor que tenían, la fe. En la Homilía del Papa en la fiesta del Bautismo del Señor, en la Capilla Sextina, decía que el bautismo es una opción educativa fundamental que va a configurar la vida del niño. Ese camino que se inicia en el bautismo tiene que ser acompañado y educado. Ha habido  en  nuestro  tiempo  un  gran  problema de transmisión  de la fe. A veces han ayudados a los padres los aitites y amamas pero cuando aquéllos tienen nietos no toman el relevo.

Tenemos que redescubrir el camino de la fe. Quizá nos hemos quedado  con  aspectos secundarios que evocan la fe pero que no son la fe. Y en ocasiones ni siquiera se conoce lo más sencillo.

Las Cofradías tenéis que alimentar la fe yendo a lo fundamental y  no dar nada por sabido. Hay muchas carencias, muchas lagunas. Es necesario recomenzar. La primera necesidad es acercarnos a Cristo.

El año pasado, en la primera procesión en que salí con vosotros, me fijé en las personas que la presenciaban: no  les deja indiferentes. Es muy  importante que nosotros no velemos al Señor, sino que lo mostremos. La procesión es también un acontecimiento con  gran  poder de transmisión. Sed conscientes de que sois un medio  para acercar a otros al Señor.

En el año de la fe, vinculado al Concilio Vaticano II, la Iglesia debe estar en constante conversión (y cada uno conversión personal, dejando lo que nos separa de Él) y atenderá la renovación sabiendo conservar lo genuino de la tradición (de tradere, entregar), lo que recibimos y debemos transmitir. Es responsabilidad de los Obispos, de acuerdo a las exigencias de cada momento. Tenemos que saber recibir, conservar, adaptar, renovar, acercarnos, entregar.

Tras esta introducción quiero proponeros cuatro puntos:

1. El gozo de la fe.. La experiencia cristiana es una experiencia gozosa. Nos llama a ser profundamente felices, y a dar razón de nuestra vida, a entenderla porque todo tiene sentido sobrenatural. La fe ilumina todas las circunstancias y llena de paz. También en los momentos difíciles, y más aún en los felices. La fiesta es un concepto de origen judeo-cristiano. El Señor nos llama a hacer fiesta, nos invita a descansar después del trabajo. La Cuaresma no  es un  período triste sino  la celebración de la esperanza. Hay que saber transmitir esta alegría porque puede parecer que al Iglesia es triste o severa, y no es verdad. Contagiad el entusiasmo de la fe. Comunicad los elementos fundamentales de la fe con sencillez, alegría, entusiasmo. Este es un  tiempo  de gracia para profesar públicamente la fe. ¡Cuanto  nos cuesta esto  a los cristianos! Animad  a los demás a hacerlo, no nos dejemos avergonzar por nuestra fe. Debemos intensificar la celebración de la fe en la liturgia y participando en la Eucaristía, “fuente y cumbre” de la vida cristiana (Sacrosantum Concilium nº 10). Y dar testimonio  creíble a través de una vida coherente. Hay que vivir la fe, profesarla, comunicarla con gozo. 

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